viernes, 31 de octubre de 2008
dos
en el ascensor sebastián escuchaba el zumbido del silencio y pensaba en maruja cuando al llegar al segundo piso la puerta se abrió y entró un hombrecito arrasado por los años que arrastraba a su vez un balde con ruedas y un trapeador goteando y el señor lo saludó levantándose discretamente la gorra y diciéndole buenos día niño y sebastián apenas sonrió y aguantó la respiración hasta llegar al séptimo piso cuando el señor se bajó arrastrando su baldecito con ruedas, llevando al hombro el trapeador negruzco que le manchaba de agualodo su mameluco verde y su recio olor montaraz del sobaco reconcentrado que para colmo quedó impregnado en el traje recién planchado de sebastián, qué mala suerte, porque hasta se había olvidado que debía quedarse en el cuarto piso donde maruja tenía su amplia oficina digitalizada con dolbi surround y efecto doppler y sebastián se sentía aturdido porque la oficina de maruja ni siquiera tenía manija para abrir la puerta y maruja que estaba volteada hacia una ventana se volteó luego hacia sebastián y le hizo un gesto como diciendo pase, pase y sebastián quiso atravesar el vidrio pensando que la puerta tenía un sensor como el de los supermercados y lo único que logró fue darse un horrendo cabezazo contra el cristal que cimbró los cimientos del moderno edificio y maruja al ver la incompetencia de sebastián, colgó el teléfono y se dirigió donde sebastián y le señaló un botoncito al margen de la puerta que sebastián aplastó confundido y lo primero que dijo maruja cuando lo tuvo en frente es que usted se aloca por pendejadas, usted, cómo es que se llamaba. me llamo sebastián. ya, sebastián qué. sebastián torres y maruja le dijo bien, pase señor torres y siéntese y tenga estas carpetas, pero antes tiene que demostrarme cuan eficiente es y lo sentó frente al teléfono que tenía innumerables botones de colores y maruja le dijo tenga este número, pertenece a un cliente que necesita aclarar la dimensión que tendrá la publicidad de la fábrica de tuberías kalitubo, llámelo ahorita porque la imagen que ilustra la página 27 debe ser de 2658 bpi y sebastián dijo, ya, pero en realidad no sabía qué mierdas era un bpi y apenas eran esas tres letras lo que recordaba de la paporreta que le dio maruja, así que se cagó en los pantalones porque estaba muy nervioso y maruja lo atajó cuando sebastián tenía ya cinco minutos al teléfono sin saber cómo proceder con el cliente y ella lo apartó como a un calzón cagado y tomó el teléfono y dijo súbitamente cariñosa, lo siento señor ramírez, en un momento lo llamo y colgó y maruja se volteó hirviendo de rabia hacia sebastián y le dijo qué ahuevado eres, torres, si sigues así no durarás ni un minuto en este trabajo. y lo sacó toscamente de la oficina ordenándole que tome un baño porque apenas llevas diez minutos trabajando y ya apestas a juanito el limpia pisos, por dios.
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