sábado, 22 de noviembre de 2008

veintiseis

el huequito es una casita humilde de una planta. luego de cruzar el portal, sebastián y el resto de los muchachos, caminan por un estrecho corredor que los conduce a un patio amplio lleno de mesas pika. el lugar está oscuro, pero lleno de personas bebiendo. agarran varias mesas que están apiladas en un rincón y las juntan. todos los amigos de sebastián dejan de hablar y empiezan a beber copiosamente. luego de veinte minutos, todos sus amigos están completamente borrachos y empiezan hablar cosas sin sentido. sebastián se arrepiente de haber ido y se levanta. esquiva al chino virolo que está tumbado boca arriba en el piso. sebastián no sabe si el piso acolchado es de tierra o de aserrín o de vómitos apisonados. rápidamente busca la salida a tientas y se mete en el corredor por donde entró. la luz viene repentinamente, se encienden los generadores, la luz intensa lo ciega momentáneamente y descubre que el corredor comunica a varios cuartitos que en lugar de puertas tienen cortinas corredizas. algunos cuartos están vacíos, pero en otros, fácilmente se pude ver a las parejas acostadas desnudas en las camas, unos mezquinos petates donde suelen dormir los perros de la casa. sebastián sigue caminando sin detenerse a mirar. al llegar al último cuarto reconoce a una pareja, orly y tamara, lo hacen con tanta fruición que ni siquiera se han dado cuenta que ha llegado la luz. tamara empieza a gritar y orly, azorado, trata de acallarla como puede, pero en realidad no puede y tamara grita intensamente. despiertan los perros que dormían en el mismo cuarto y comienzan a ladrarles. orly les lanza un zapato, pero falla y cae sobre unas gallinitas que despiertan asustadas y salen corriendo por el pasillo con los pollitos piando atrás. varios de los borrachos se dan cuenta y se asoman a mirarlos. sebastián ya se ha ido.

veinticinco

El patio de la universidad está a oscuras, iluminan el camino con la luz de los celulares. Algunos estudiantes se han reunido en grupos y hablan en voz alta. Sebastián intenta ver si acaso le sale sangre de la nariz. La gorda le hizo ver estrellas, siente algo húmedo entre los dedos, pero bien podría ser mocos, la tenue luz del teléfono no le permite diferenciar. El chino virolo se le cerca y le cuenta que los muchachos piensan pasar el resto de la noche en el huequito, un borrachero situado a pocas cuadras y que si tiene suerte puede hacer algún levante y meterse a la cama con alguna chica que le guste porque el borrachero también es un motel bastante versátil para este tipo de emergencias. Sebastián acepta y se suma al grupo que lidera el chico venezolano. Mientras hablan entre risas, escuchan un rechinar de llantas y un grito, han atropellado a una chica que venía atrás en otro grupo.

veinticuatro

bajan confusamente las escaleras, los corredores de la universidad no tienen luces de emergencia, a tientas llegan a las escaleras, allí se produce un tumulto y los morbosos más avezados les agarran las nalgas y lo senos a las chicas. alguien le agarra a la morena y ésta pega un grito de auxilio, la gorda suelta un puñetazo certero en la oscuridad. sebastián se desploma en las escaleras y tiene que apartarse para que no lo pisen.

veintitres

efraín luna está parloteando en frente, todos le dicen pata-pata, como el personaje de la serie de televisión, porque es cojo y bajito. él lo sabe y por eso los odia. sebastián tiene que estirarse en su asiento para lograr verlo. apenas lo escucha. parece que esta tomándole la lección a una chica de la primera fila, que por el uniforme que usa parece que trabaja en un banco. le hace una pregunta, ella no la responde, no sabe la lección. efraín, que ha amanecido con el humo revirado, se enfurece y le grita una grosería. la chica llora. viejo maricón, piensa sebastián. junto a la puerta hay otra chica, sebastián no puede quitarle la mirada de encima porque es formidablemente fea, no sabe cómo se llama, es gorda y bajita y usa en el cuello una especie de collar de perro, mueve su enorme cabeza de un lado a otro, sebastián se acuerda de un ventilador, sobre la banca tiene el puño cerrado y en la muñeca, una pulsera con púas, además usa una camiseta negra en la que resalta una calavera al estilo de megadeth, por mas que se esfuerza, no logra verle la curvatura de los senos. a la hora del recreo, sebastián, compró un sánduche de pollo con mayonesa y un tampico y el único puesto que encontró fue junto a la gorda que a su vez compartía la mesa con una chica morena. sebastián las saludó con una sonrisa amistosa y se sentó junto a la morena, la gorda se lo quedó mirándolo con bastante rabia, como si fuera a comérselo. sebastián se levantó y se sentó junto al chino gordo y virolo al que le decían buena vista y recientemente, maginboo. estaba comiendo el cuarto sánduche de pollo cuando sebastián se sentó. el gordo le explicó, pero qué bruto eres, no sabes que esas son lesbianas y la gorda pensó que ibas a quitarle a su novia. y sebastián preguntó, la gorda se cree el hombre de la relación. y el chino, no, la gorda es un hombre. dos bancas atrás de sebastián estaba un chico venezolano bastante simpático y graciosísimo, siempre estaba reunido con bastantes chicas y era el más popular de la universidad, se jactaba de haberse acostado con todas sus amigas, las mas bonitas, y era cierto, y como prueba siempre hablaba del herpes genital que le había contagiado la maestra de redacción, una mujer bastante guapa y recién casada con su segundo compromiso. efraín luna notó que sebastián estaba en las nubes y dio un golpe en la banca, sebastián pegó un salto. muy bien señor torres, dígame quién es la ministro de economía. sebastián lo sabía, se acordaba que era una gorda que se parecía a mercedes sosa, pero debido a la impresión no se acordaba. el profesor lo miraba desde abajo enojado. sebastián se rindió y dijo, no me acuerdo. cero puntos, gritó efraín y se marchó. cuando llegó al puesto de tamara que también estaba en las nubes con la intensión de hacerla saltar de un golpazo, se fue la luz.

viernes, 14 de noviembre de 2008

veintidos

en la maranatha línea 158 encontró un lugar junto a una chica que miraba distraída el paisaje del atardecer por la ventana, sebastián no le puso mucha atención y cerró los ojos a todos los carameleros, los fugados de la penitenciaría, los pastores evangélicos, la señora con la receta para los remedios de su hija y el hombre que se cubría los intestinos expuestos por una mala práctica médica con una funda del comisariato, ya se quedaba dormido, pero el tropel de personas que bajaban del bus lo despertó y dio un brinco y se bajó del bus dando un salto elástico, al alzar la mirada para ver el bus marcharse, descubrió que todo el tiempo estuvo sentado junto a la muchacha de la vez anterior.

veintiuno

juanito llegó corriendo y tenía una bomba en la mano y le explicó a sebastián que no había problema porque tenía colocada la aguja del seguro y sebastián le preguntó, de dónde sacaste eso, y él dijo que la habían olvidado el día anterior los militares que acamparon en el edificio. sebastián le preguntó que qué pensaba hacer con ella. juanito respondió, voy a matar a ese hijueputa del presidente. y sebastián, mejor préstamela para ponérsela en el carro a maruja. y juanito, ayer habría sido posible eliminar a los dos, habría bastado con ponérsela en su oficina y hacerlos volar cuando estaban haciendo un sánduche con harta mayonesa con el edecán. y sebastián, qué depravados. y juanito, creo que maruja me anda poniendo los cachos.

veinte

debían ser las nueve o las diez de la mañana cuando sebastián agarró sus carpetas con las hojas aun tibias de su paso reciente por la impresora, la tinta aún estaba fresca cuando agarró el ascensor, mientras subía se le ocurrió que el ascensor tan amplio, casi tan grande como una pequeña cancha de fútbol y recién pulido y aséptico tenía bastante de quirófano, así mismo los baños estaban tan limpios que bien se podía servir un rollo de atún con el sanitario como plato, juanito hacía un excelente trabajo. al llegar al piso de la oficina de maruja encontró que no había nadie. las luces estaban apagadas y lo único que centellaba como animalito asustado en el rincón más lejano de la oscuridad era el titileo de estrella prehistórica del detector de movimientos. si sebastián hubiera llegado doce horas mas temprano habría encontrado a maruja sodomizada por dos hombres. ninguno habría sido el abogado y a maruja poco le importaba. sebastián se cansó de esperar al ascensor y bajó por las escaleras, trató de esquivar los charcos de la luz, pero no resistió la tentación de ver a través de los ventanales y la mañana le hirió los ojos y sebastián sintió calor y ganas de orinar y de pasar la noche con maruja, miró la hora y no eran ni las nueve ni las diez de la mañana, eran las tres de la tarde.