sábado, 22 de noviembre de 2008
veinticinco
El patio de la universidad está a oscuras, iluminan el camino con la luz de los celulares. Algunos estudiantes se han reunido en grupos y hablan en voz alta. Sebastián intenta ver si acaso le sale sangre de la nariz. La gorda le hizo ver estrellas, siente algo húmedo entre los dedos, pero bien podría ser mocos, la tenue luz del teléfono no le permite diferenciar. El chino virolo se le cerca y le cuenta que los muchachos piensan pasar el resto de la noche en el huequito, un borrachero situado a pocas cuadras y que si tiene suerte puede hacer algún levante y meterse a la cama con alguna chica que le guste porque el borrachero también es un motel bastante versátil para este tipo de emergencias. Sebastián acepta y se suma al grupo que lidera el chico venezolano. Mientras hablan entre risas, escuchan un rechinar de llantas y un grito, han atropellado a una chica que venía atrás en otro grupo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario