jueves, 6 de noviembre de 2008
nueve
Sebastián subía las escaleras pensando y estoy aquí en este contenedor de basura haciéndome una carrera, en esta carrera de ratas por conseguir un poco de dinero. marcó el número de Tamara desde el teléfono de Maruja que tenía un montón de foquitos que se prenden y se apagan y escuchó varias veces el tono de espera y cuando decepcionado iba a colgar escuchó la voz de conejo asustado de Tamara que le decía, hola. Hola, cómo estas. Bien. Te pedí que me llamaras a la hora que te mandé el mensaje. A esa hora estaba durmiendo, qué tiene que te llame a esta hora. Este no es el mejor momento. Por qué. Porque no, y ya. Y qué es ese ruido que se escucha. No es nada. Pero si se escucha fuerte, parecen gritos. No es nada, es mi papá que está jugando pelota afuera. Y cómo es que juega pelota a esta hora. Él es así, hace lo que se le antoja. Y qué ocurrió. Nada, sólo que unos señores de una camioneta se han bajado y empezaron a pelear con mi papá. Y por qué. Porque tiene la calle cerrada con unos arcos. Ya y qué pasó. Él empezó a disparar la pistola. Y tu papá tiene pistola. Sí, tiene como diez. Y por qué tantas. Porque es un asaltabancos, qué tal. No te lo creo. Si no las tuviera no escucharías ese escándalo. Bueno. Mira debemos reunimos hoy una hora antes que empiecen las clases. No puedo, a esa hora todavía estoy aquí. En la revista industrias. Sí, cómo lo sabes. Porque lo dijiste ayer en clases. Ah. Ya y qué tal te va. Horrible, me tratan como al conserje. Pues no te dejes pisar el poncho. Eso intento. Bueno, entonces empieza por salir una hora antes. Es que no puedo, recién este es mi segundo día de trabajo, apenas empecé ayer y no puedo andar pidiendo permisos. Ah, bueno, entonces allá tu. Mejor quedémonos tarde en la u esta noche. No puedo. Por qué. Mi papa me viene a ver. Y qué tiene. A él no le gusta que me quede. Entonces dile que vas hacer una tarea con unos amigos de la u. No se puede, se pone como loco, ya lo escuchaste. Entonces ahora es a ti que te pisan el poncho. No, no es eso, yo puedo darme mis escapadas. Entonces hoy date una escapada. No voy a desperdiciar una escapada pasándola contigo. Y qué hacemos. Debemos hacer lo que yo digo. Sí, te vas a escapar del castillo del dragón como la princesa fiona. Sí y tengo mi sherk. Ya, el chico que ayer te metía la mano dentro de la blusa. Bueno, sí, ese, no seas sapo. Para no ver lo que tu novio te hizo ayer tendría que ser ciego. Entonces en qué quedamos. Tú sale primero y demuéstrame que eres tan valiente como hablas. No, las mujeres primero. Cobarde. Ok, veré que puedo hacer pero no prometo nada, ya. Ok. Y Sebastián colgó y bajó a redacción y le preguntó a la chica de redacción dónde estaba Maruja y ella le respondió que hoy no viene porque es martes, su día libre. Y Sebastián dijo, entonces qué voy hacer. Y la recepcionista dijo, allá hay un trapeador y un balde, qué tal si empiezas por el mezanine. Y Sebastián, cómo. y la recepcionista, no, nada, simplemente no hagas nada, entra al salón de capacitación que tiene computadoras con internet y trata de estorbar lo menos posible, pero ándate ya, ésta no es área para empleados, sino para clientes. Y Sebastián, está bien. Y Sebastián ingresó al salón de líderes de la revista y trató de abrir el vínculo del Internet explorer, pero no había señal. Sebastián buscó a juanito el limpia pisos y él le dijo que de esas cosas no sabe nada, que seguro sabe el abogado de la empresa y Sebastián le preguntó dónde podía encontrarlo, y el limpia pisos le dijo, más tarde viene. Y Sebastián trató de perder el tiempo leyendo algunas ediciones pasadas de la revista y ya empezaba a dormirse cuando entró como una locomotora el abogado y Sebastián se le acercó corriendo, pero el tipo lo dejó atrás entrando rápidamente a su oficina y dando un sonoro portazo. Al rato salió y Sebastián se presentó y le dijo que era el nuevo empleado y el abogado lo escuchaba sin mirarlo y Sebastián pensaba qué se ha creído este cholo amayorado y cuando terminó de explicarle que no había Internet en todo el edificio el abogado entró a su despacho sin decir nada y regresó cinco minutos después y lo único que dijo mientras me metía al ascensor fue, ya está. Y Sebastián entró al salón de líderes y se sentó frente a la primera computadora que vio, abrió el Internet Explorer, digitó su cuenta del correo y la clave y apareció en la bandeja de entrada 6 gigas en tareas que Maruja le había pedido que descargara y un mensaje, Magali ya me comentó que su mayor preocupación es que no tiene con qué perder el tiempo, no se preocupe, acá tiene bastante para entretenerse.
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