lunes, 3 de noviembre de 2008
siete
empezó a llover cuando se bajó del bus y sebastián trató de caminar por la acera, pero la lluvia le caía igual porque las casas estaban construidas tan mezquinamente, sin un techo volado que el caminante no podía cubrirse del sol, ni la lluvia y sebastián trató de cubrirse con los cuadernos y miró la hora y eran las once en punto y para poder llegar a su casa tuvo que meterse en dos charcos de agua cuyo nivel le llegaba hasta las rodillas y cuando llegó a la casa estaba todo empapado y arrastraba en el zapato izquierdo una toalla sanitaria y desde afuera vio las luces apagadas y el televisor encendido en la sala y su hermano viendo el noticiero y cuando entró éste le dijo, cierra la puerta, cabezón, y sebastián puso la chapa, se dirigió a su cuarto, se puso ropa seca y la mojada la echó al tacho de la ropa sucia. merendó frente al televisor viendo las incidencias de la política nacional y luego apareció el cabrón del presidente y el hermano de sebastián dijo, si yo lo veo en la calle, le saco la gran chucha a este sopla bolas y que me meta preso a ver si es tan macho. luego se fue al baño y se baño y orinó por cinco minutos consecutivos, se cepilló los dientes y fue a su cama, se acostó y miró su teléfono, no había recibido ni un mensaje, ajustó la alarma a las siete en punto y se durmió sin pensar en nada, pero una hora después se despertó con el ruido de la lluvia y dio vueltas en la cama, pero luego sintió bastantes ganas de orinar, caminó por la oscuridad y al llegar a la sala escuchó a su madre que roncaba en su cuarto del piso de arriba, incluso dijo algo mientras dormía, pero no lo escuchó porque se dio en los dedos con la pata de una silla y sebastián pegó un grito y la mamá de sebastián despertándose asustada preguntó desde la cama, quién está ahí, y sebastián, yo. cuál, yo. yo mismo, yo. ah, recién llegas, acaso estas son horas de llegar. no, llegué hace rato cuando estaba durmiendo y ya no voy a decir nada porque no tengo ganas de hablar. entonces no vuelvas a venir a esta hora. no, ya le dije que llegué a las once. qué. nada, nada, ya duérmase. y sebastián no escuchó lo que le dijo porque había cerrado la puerta del baño y orinó y hacía frío y regresó caminando cojo hasta la cama, se cubrió de pies a cabeza con la sábana y se tapó la cabeza con la almohada para no escuchar nada y se volvió a dormir y no soñó y tampoco escuchó nada.
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