sábado, 1 de noviembre de 2008
cuatro
Sebastián cruzaba corriendo la avenida orellana y un carro paró en seco rechinando las llantas y el conductor le gritó asomando la cabeza qué chucha te pasa cachudo que te quieres morir, pero Sebastián no se paró a responderle porque el bus de la maranatha línea 158 ya se iba torpedeando en sentido norte sur y Sebastián golpeó las latas del bus y gritó, pare chofe, pare, y el bus se detuvo allí, en media calle y provocó que la hilera de vehículos que venían atrás parasen en seco y Sebastián cruzó rodeando el bus frente a las protestas generalizadas donde le mentaban a la madre y Sebastián se agarró al vuelo de los tubos del estribo de la puerta y el bus arrancó exhalando una nube de hollín que cubrió a buena parte de la hilera de carros que también emprendieron la marcha y Sebastián buscó un puesto en el bus repleto, pero tuvo que conformarse con quedarse donde el ballenato pegara menos fuerte y se abrió paso entre los empleados que al igual que él viajaban ensardinados y se quedó junto a una chica bastante linda que despedía un aroma muy tenue y dulce, y Sebastián miró a la muchacha que distraída también miraba pasar los letreros en la calle y Sebastián pensaba en acribillar a la muchacha con miles de preguntas y bromas, pero no se le ocurría qué y volteó decepcionado la mirada hacia un stiker bastante grande pegado sobre el tablero del conductor que tenía la imagen de condorito y que decía, oiga, señora, si su hija está llorando es porque está enamorada del chofer y sebastián fue incapaz de preguntarle algo la muchacha que tenía a escasos cinco centímetros y cuando llegaron al paradero de la universidad la mitad de los pasajeros se desembarcaron y Sebastián entre ellos trató de buscar en el tumulto a la muchacha pero sólo la encontró dentro del bus cuando alzó la mirada y la muchacha estaba sentada junto a la ventana y hasta le parecía que ella lo miraba y cuando el bus se alejaba tuvo la impresión que ella le sonreía y en verdad fue así porque esa noche la muchacha se durmió pensando en Sebastián y se le ocurrió que en el sueño le decía, hola, soy pedro, el escamoso.
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